• Márquez formó parte del grupo de historiadores mexicanos que, en derredor de Francisco Javier Clavijero, escribieron sobre la historia antigua de México
  • Juan Antonio Ascencio planteará su teoría de que fue Frederick Waldeck, y no Claudio Linati, el primero en practicar la litografía en México

 

La Coordinación Nacional de Literatura invita a la charla “Dos difusores de la cultura mexicana en Europa: Waldeck y Márquez”, en la que participará Juan Antonio Ascencio.

 

En esta actividad que se llevará a cabo el martes 10 de septiembre, a las 19:00 horas, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México, Juan Antonio Ascencio hablará de dos humanistas que divulgaron en Europa la cultura mexicana por medio de la arqueología: Frederick Waldeck y Pedro Márquez.

 

En entrevista, Ascencio explicó que “esta charla se dividirá con etiquetas especializadas de crónica, medicina, arqueología, botánica, zoología, permitiendo que los temas se rocen y resulte un escrito interdisciplinario, sino ‘intradisciplinaria’ como fue la de Márquez, crítico de arte, arqueólogo, filósofo del arte, enraizado en lo mexicano”.

 

“Waldeck y Márquez están ligados indirectamente por una derrota y un triunfo de Napoleón, por haber manejado y dibujado pirámides mexicanas, las hicieron objeto de sus estudios bajo una incipiente ciencia carente de técnica, y por haber sido tan mexicanos, cada uno a su modo”, mencionó Ascencio.

 

Frederick Waldeck se instaló en la Ciudad de México en 1826, año en que formó una sociedad para explorar espectáculos “fantasmagóricos” en su casa, ubicada en Juan Manuel número 6, donde también pintaba retratos e impartía lecciones de dibujo y pintura.

 

Doce meses después, realizó las litografías para la Colección de las Antigüedades Mexicanas que existe en el Jfttseo Nacional, además de la invitación a las fiestas de aniversario de la Independencia; de acuerdo con El diario de Waldeck, escrito por Justino Fernández, estos trabajos debió ejecutarlos en las prensas de Claudio Linati, antes de que quedaran olvidadas en los pasillos del Ministerio de Relaciones.

 

Waldeck estuvo entre 1834 y 1836, en Yucatán y Palenque; pese a estar bajo la protección del gobierno mexicano, envió sin autorización objetos y dibujos arqueológicos a Europa, por lo que se le decomisaron sus dibujos y manuscritos, además de lo resguardo.

 

A su vez, Pedro Márquez nació en Guanajuato en 1741 y en 1736 ingresó a la Compañía de Jesús, donde enseñaba latín. Sin embargo, fue expulsado del país por la orden pragmática de Carlos III en 1767. En Italia se dedicó a las artes arquitectónicas y regresó a México en 1814. Fue humanista, divulgó la vida de los antiguos mexicanos, sus costumbres, creencias, construcciones y, además, fue el primero que publicó datos sobre sus antigüedades, como se llamaba en el siglo XVIII a lo arqueológico.

 

En Sobre lo bello en general, Márquez aseguró que la belleza “es aquello que en el espíritu se complace”, confundiéndola con el agrado.

 

Juan Antonio Ascencio explicó que los últimos libros de Márquez fueron publicados a principios del siglo XIX. “Se le menciona mucho y se le estudia poco. Con gran rechazo de los especialistas de la época, principalmente (Cornelius) de Pauw, comparó las pirámides del Tajín y de Xochicalco con las de Egipto y otros órdenes de arquitectura. Perteneció al grupo de más de quinientos jesuitas expulsados de México por Carlos III en 1767”, mencionó.

 

Márquez formó parte del grupo de historiadores mexicanos que, en derredor de Francisco Javier Clavijero, escribieron sobre la historia antigua de México, la Baja California; sobre el estado de las misiones abandonadas y otros temas de México, ostentando con dignidad su nacionalidad mexicana, antes del liderazgo de Hidalgo.

 

Finalmente, Juan Antonio Ascencio adelantó que planteará su teoría de que fue Frederick Waldeck, y no Claudio Linati, el primero en practicar la litografía en México; además, sugerirá una reunión de especialistas y críticos que enjuicien las obras para determinar la veracidad de esa idea.

 

Juan Antonio Ascencio nació en León, Guanajuato, en 1937. Estudió el bachillerato de humanidades y la licenciatura de derecho. Colaboró siete años en la revista El Cuento, de Edmundo Valadés, y siete años más desde la muerte del fundador. Escribió Un extraño en la tierra, biografía del autor de Pedro Páramo, Editorial Debate, 2005, hoy inencontrable.

 

Tuvo a su cargo en la Universidad de París IV, La Sorbona, la charla inaugural del coloquio internacional sobre Juan Rulfo, organizado por las universidades de París IV, Limoges y Toulouse. Hace tres décadas que imparte talleres de creación de cuento y de poesía.